¨Me sumerjo en el mar de mis intuiciones e intento desarrollar a partir de ellas nuevas ideas, expresarlas con palabras y convertirlas en hechos¨, la vida consiste en esto.1
Hans Peter Durr, Catedrático de física del instituto Max Plank y discípulo de Heisemberg, desarrolla una cosmovisión que, salvando las distancias se encuentra en la órbita del pensamiento de una filósofa como Simone Weil. En dicho sentido traduce filosóficamente la física cuántica, el mundo de lo muy pequeño en un lenguaje religioso. La lectura que hace Weil de la física cuántica y de la relatividad no coincide plenamente, no es tan positiva, como la que hará Hans Peter Durr, pero si que hay una analogía en la forma de relacionar la ciencia y lo numismático mediante la figura de lo muy pequeño como manifestación de lo divino al nivel de la vida. Así la filosofía de Durr parte de que más allá de la realidad objetiva que percibimos, de la realidad material que podemos coger y dominar, existe una dimensión que se encuentra hasta ocho veces por debajo de ese límite de lo que podemos percibir, una realidad primigenia, espiritual, una figura-gestall que lleva a las cosas a ser lo que se son en un proceso continuo de recreación de la realidad. Para acercarnos a la realidad tal y como realmente es debemos de construir una paradigma cultural que atienda a ambas dimensiones, que integre estructuras referenciales con lógicas distintas. Una visión de la cultura de nuevo tipo capaz de relacionar la ciencia analítica que toma distancia de la realidad para comprender los procesos materiales propios a la mesosfera, ciencia de la que dieron un modelo convincente Galileo y Newton y que tradujo filosóficamente Descartes; con aquella otra visión que parte desde dentro de la misma realidad para vivenciarla, empatizar con nuestro medio para ser así capaces de recuperar lo sagrado y profundo que habitando y siendo parte fundamental de la vida, el hombre moderno parece haber olvidado 2. En dicha visión de la cultura, en dicho paradigma la realidad sigue una doble lógica complementaria, por una parte todo se relaciona con todo, pero a su vez sigue una lógica de lo abierto e impresvisible de una realidad que esconde lo que puede ser en lo que en apariencia es y donde conviven diferentes opciones en un mismo momento. Dicha lógica vista de cerca no es sino la misma lógica de lo real donde se mezcla una dimensión material que perdura, que se ve limitada por la forma que contemplamos, con otra que responde más a la forma de una nota musical, una sutil vibración en un espacio infinito en el sentido de Bergson. 3 Tal y como recoge Simone Weil del filósofo pitagórico Filolao, la ciencia es el arte que nos permite acceder a lo real mediante la justa proporción entre el límite y lo ilimitado, en dicho sentido, la filosofía se convierte en un medio que permite al hombre relacionarse con la realidad que vive.
Tanto para Simone Weil como para Durr, la separación entre religión y ciencia es muy perjudicial, de hecho para Durr es como si en nuestros días se hubiera invertido la relación que la ciencia moderna encontró en la iglesia inquisitiva. Hoy desde el campo de la ciencia, pero también desde los sistemas políticos altamente centralizados, no sólo es que se niegue la espiritualidad y la religión sino que, en algunos casos, el propio derecho de cada persona a ser único y diferente, o sea, la propia dignidad humana. Frente a eso hay que buscar un modelo cultural donde lo unitario y lo diverso, la espiritualidad y la ciencia, puedan convivir en armonía. Cultura que integre verdad, bien y belleza como forma de hacer frente a los graves problemas de perdida de sentido, de crisis que ya vivieron nuestros dos personajes, Simone Weil y Antonio Gramsci, en las primeras décadas del pasado siglo. Para desarrollar una cultura de ese tipo, de nada nos ha de servir modelos educativos basados en el amontonamiento de materias, en el stress, la competición feroz de hombres individualistas y felizmente integrados; sino un nuevo tipo de educación basado en las capacidades cooperativas del hombre, en el respeto mutuo, en un modelo educativo inclusivo de hombres y mujeres libres, que haga frente a los graves problemas sociales que estamos viviendo. 4
Hans Peter Durr llama la atención acerca de la necesidad de entender la religión como actitud humilde y reverencial ante lo desconocido, ante el misterio de la vida, pero a su vez nos anima a ser valientes, a dirigirnos hacia aquellos extremos donde más inseguros nos encontramos, pues en esos puntos de máxima sensibilidad es donde más humanos somos, donde nuestras preguntas pasan de ser individuales a problemas básicos de nuestra sociedad y nuestra cultura 5. Dicha visión es la misma que defiende Simone Weil cuando afirma que no hay equilibrio entre el hombre y la realidad que vive, sino que sólo es posible reencontrar el equilibrio mediante aquellas ideas-metaxus que muestran el camino que aparece entre nosotros y lo real, lo cual es un problema, porque sino lo fuera, no nos replantearíamos nuestra relación con el mundo. El hombre debe de estar abierto a la realidad que dice que las cosas pueden ser de una manera o de otra, y que nuestra actuación tiene que ver con el resultado de ese proceso. El hombre que vive en tensión consigo mismo ilumina, irradia, en tanto que vive la vida de forma más plena e intensa, aunque a su vez, también ha de ser capaz de recobrar la serenidad que le permite actuar siguiendo un criterio propio y no caer en los impulsos negativos que provienen en ocasiones del mundo. El saber muestra que las grandes obras y empeños del hombre solo son posibles a partir de pequeños pasos y pequeñas obras: prudencia no es enemiga de virtud sino complemento de audacia.
Tanto la ciencia como la religión solo pueden acercarse a la realidad profunda mediante las analogías del arte, cosa en la que también coinciden Simone Weil y H. P. Durr. Analogías que parten de que a priori nada existe, sino que todo surge de un entre medio, una religación ilimitada de lo mismo en un sentido diferente, una diferencia que puede ser estabilizada en el tiempo en un nivel superior mediante el aporte de energía de una mano que ordena, y una reorganización de la información, o sea, mediante trabajo. Hans Peter Durr pretende acercar el rol de científico al del artista, tal y como hizo su maestro Heisemberg. En dicho sentido, y al igual que hará Simone Weil con su concepto de acción no actuante, el científico más que alguien que actúa es alguien que recibe del mundo su inspiración para la belleza. Como ejemplo, aquel músico que empieza a tararear una melodía que tiene en su cabeza aunque no sabe muy bien de donde proviene, músico que es capaz de transcribir en un lenguaje simbólico el ritmo resultante de su relación con la vida. La ciencia como aquella orquesta donde los músicos tomados uno a uno no interpretan sino una melodía sin sentido, sentido que aparece cuando la totalidad interpreta una sinfonía que en su conjunción armónica, e incluso a veces en su cacofonía, puede ser sublime. 6
El sentido ético de lo social se encuentra como totalidad, como continuo que va de la naturaleza biológica del ser humano a la irreductibilidad cualitativa de lo social a la suma de las partes que la componen. Visión holista e integral de la realidad social que parte de la intuición de la persona, de una voluntad capaz de aprender, de una visión desde dentro capaz de configurar el porvenir no desde el deseo de dominar o juzgar la realidad de otro como peor o como ajena, sino desde una ética de la memoria común que permita renovar las fuentes de la creación, de los lazos que componen lo vivo. En la sociedad global debe preservarse la individualidad del ser humano, la dignidad,7pero a su vez hay que buscar la unidad en lo diferente, la participación del hombre en lo común mediante una cooperación de carácter constructivo, no basada en un enfrentamiento miope, sino a partir de los importantes ejemplos que a lo largo de la historia nos han prestado las grandes religiones y culturas 8.
A pesar de que el hombre occidental lleva una vida de abundancia, y a pesar del todo el dinamismo de las sociedades occidentales, el hombre de la era del vacío padece una grave falta de sentido vital, de anomia, de tener la sensación de que está continuamente perdido y solo. Frente a ello tanto Weil como Durr llaman a recuperar lo bueno, o bello y lo verdadero de la tradición filosófica, así como la experiencia sobrecogedora de lo divino como perdida del ego que permite emerger a la mismidad profunda, abriéndonos a lo aparentemente incomprensible mediante una entrega que es a la vez comunión. 9 La conciencia lúcida ve en el otro rasgos que pertenecen a uno mismo, a partir de ese acercamiento es posible desarrollar un saber sobre la vida capaz de recrear valores realmente humanos 10. Ese saber de lo vivo, que permite a la vida devenir más vida, nos dice que la verdad se encuentra entre los extremos, hay que ser capaz de ir a favor y en contra ante una misma realidad, coordinar entropía y sintropia ( caos y orden), libertad y reponsabilidad desarrollando juegos cooperativos de suma positiva.
Hay que enfrentar los problemas con serenidad, ya que los valores realmente humanos necesitan tiempo para desarrollarse de forma natural. Frente al ritmo enloquecido de una sociedad acelerada y desquiciada, frente a la lógica del triunfador que en su empeño no le importa llevarse a cualquiera por delante11, hay que reconsiderar dinámicas y formas que posibiliten soluciones creativas dentro de esta búsqueda común que es la vida.
Hans Peter Durr, Catedrático de física del instituto Max Plank y discípulo de Heisemberg, desarrolla una cosmovisión que, salvando las distancias se encuentra en la órbita del pensamiento de una filósofa como Simone Weil. En dicho sentido traduce filosóficamente la física cuántica, el mundo de lo muy pequeño en un lenguaje religioso. La lectura que hace Weil de la física cuántica y de la relatividad no coincide plenamente, no es tan positiva, como la que hará Hans Peter Durr, pero si que hay una analogía en la forma de relacionar la ciencia y lo numismático mediante la figura de lo muy pequeño como manifestación de lo divino al nivel de la vida. Así la filosofía de Durr parte de que más allá de la realidad objetiva que percibimos, de la realidad material que podemos coger y dominar, existe una dimensión que se encuentra hasta ocho veces por debajo de ese límite de lo que podemos percibir, una realidad primigenia, espiritual, una figura-gestall que lleva a las cosas a ser lo que se son en un proceso continuo de recreación de la realidad. Para acercarnos a la realidad tal y como realmente es debemos de construir una paradigma cultural que atienda a ambas dimensiones, que integre estructuras referenciales con lógicas distintas. Una visión de la cultura de nuevo tipo capaz de relacionar la ciencia analítica que toma distancia de la realidad para comprender los procesos materiales propios a la mesosfera, ciencia de la que dieron un modelo convincente Galileo y Newton y que tradujo filosóficamente Descartes; con aquella otra visión que parte desde dentro de la misma realidad para vivenciarla, empatizar con nuestro medio para ser así capaces de recuperar lo sagrado y profundo que habitando y siendo parte fundamental de la vida, el hombre moderno parece haber olvidado 2. En dicha visión de la cultura, en dicho paradigma la realidad sigue una doble lógica complementaria, por una parte todo se relaciona con todo, pero a su vez sigue una lógica de lo abierto e impresvisible de una realidad que esconde lo que puede ser en lo que en apariencia es y donde conviven diferentes opciones en un mismo momento. Dicha lógica vista de cerca no es sino la misma lógica de lo real donde se mezcla una dimensión material que perdura, que se ve limitada por la forma que contemplamos, con otra que responde más a la forma de una nota musical, una sutil vibración en un espacio infinito en el sentido de Bergson. 3 Tal y como recoge Simone Weil del filósofo pitagórico Filolao, la ciencia es el arte que nos permite acceder a lo real mediante la justa proporción entre el límite y lo ilimitado, en dicho sentido, la filosofía se convierte en un medio que permite al hombre relacionarse con la realidad que vive.
Tanto para Simone Weil como para Durr, la separación entre religión y ciencia es muy perjudicial, de hecho para Durr es como si en nuestros días se hubiera invertido la relación que la ciencia moderna encontró en la iglesia inquisitiva. Hoy desde el campo de la ciencia, pero también desde los sistemas políticos altamente centralizados, no sólo es que se niegue la espiritualidad y la religión sino que, en algunos casos, el propio derecho de cada persona a ser único y diferente, o sea, la propia dignidad humana. Frente a eso hay que buscar un modelo cultural donde lo unitario y lo diverso, la espiritualidad y la ciencia, puedan convivir en armonía. Cultura que integre verdad, bien y belleza como forma de hacer frente a los graves problemas de perdida de sentido, de crisis que ya vivieron nuestros dos personajes, Simone Weil y Antonio Gramsci, en las primeras décadas del pasado siglo. Para desarrollar una cultura de ese tipo, de nada nos ha de servir modelos educativos basados en el amontonamiento de materias, en el stress, la competición feroz de hombres individualistas y felizmente integrados; sino un nuevo tipo de educación basado en las capacidades cooperativas del hombre, en el respeto mutuo, en un modelo educativo inclusivo de hombres y mujeres libres, que haga frente a los graves problemas sociales que estamos viviendo. 4
Hans Peter Durr llama la atención acerca de la necesidad de entender la religión como actitud humilde y reverencial ante lo desconocido, ante el misterio de la vida, pero a su vez nos anima a ser valientes, a dirigirnos hacia aquellos extremos donde más inseguros nos encontramos, pues en esos puntos de máxima sensibilidad es donde más humanos somos, donde nuestras preguntas pasan de ser individuales a problemas básicos de nuestra sociedad y nuestra cultura 5. Dicha visión es la misma que defiende Simone Weil cuando afirma que no hay equilibrio entre el hombre y la realidad que vive, sino que sólo es posible reencontrar el equilibrio mediante aquellas ideas-metaxus que muestran el camino que aparece entre nosotros y lo real, lo cual es un problema, porque sino lo fuera, no nos replantearíamos nuestra relación con el mundo. El hombre debe de estar abierto a la realidad que dice que las cosas pueden ser de una manera o de otra, y que nuestra actuación tiene que ver con el resultado de ese proceso. El hombre que vive en tensión consigo mismo ilumina, irradia, en tanto que vive la vida de forma más plena e intensa, aunque a su vez, también ha de ser capaz de recobrar la serenidad que le permite actuar siguiendo un criterio propio y no caer en los impulsos negativos que provienen en ocasiones del mundo. El saber muestra que las grandes obras y empeños del hombre solo son posibles a partir de pequeños pasos y pequeñas obras: prudencia no es enemiga de virtud sino complemento de audacia.
Tanto la ciencia como la religión solo pueden acercarse a la realidad profunda mediante las analogías del arte, cosa en la que también coinciden Simone Weil y H. P. Durr. Analogías que parten de que a priori nada existe, sino que todo surge de un entre medio, una religación ilimitada de lo mismo en un sentido diferente, una diferencia que puede ser estabilizada en el tiempo en un nivel superior mediante el aporte de energía de una mano que ordena, y una reorganización de la información, o sea, mediante trabajo. Hans Peter Durr pretende acercar el rol de científico al del artista, tal y como hizo su maestro Heisemberg. En dicho sentido, y al igual que hará Simone Weil con su concepto de acción no actuante, el científico más que alguien que actúa es alguien que recibe del mundo su inspiración para la belleza. Como ejemplo, aquel músico que empieza a tararear una melodía que tiene en su cabeza aunque no sabe muy bien de donde proviene, músico que es capaz de transcribir en un lenguaje simbólico el ritmo resultante de su relación con la vida. La ciencia como aquella orquesta donde los músicos tomados uno a uno no interpretan sino una melodía sin sentido, sentido que aparece cuando la totalidad interpreta una sinfonía que en su conjunción armónica, e incluso a veces en su cacofonía, puede ser sublime. 6
El sentido ético de lo social se encuentra como totalidad, como continuo que va de la naturaleza biológica del ser humano a la irreductibilidad cualitativa de lo social a la suma de las partes que la componen. Visión holista e integral de la realidad social que parte de la intuición de la persona, de una voluntad capaz de aprender, de una visión desde dentro capaz de configurar el porvenir no desde el deseo de dominar o juzgar la realidad de otro como peor o como ajena, sino desde una ética de la memoria común que permita renovar las fuentes de la creación, de los lazos que componen lo vivo. En la sociedad global debe preservarse la individualidad del ser humano, la dignidad,7pero a su vez hay que buscar la unidad en lo diferente, la participación del hombre en lo común mediante una cooperación de carácter constructivo, no basada en un enfrentamiento miope, sino a partir de los importantes ejemplos que a lo largo de la historia nos han prestado las grandes religiones y culturas 8.
A pesar de que el hombre occidental lleva una vida de abundancia, y a pesar del todo el dinamismo de las sociedades occidentales, el hombre de la era del vacío padece una grave falta de sentido vital, de anomia, de tener la sensación de que está continuamente perdido y solo. Frente a ello tanto Weil como Durr llaman a recuperar lo bueno, o bello y lo verdadero de la tradición filosófica, así como la experiencia sobrecogedora de lo divino como perdida del ego que permite emerger a la mismidad profunda, abriéndonos a lo aparentemente incomprensible mediante una entrega que es a la vez comunión. 9 La conciencia lúcida ve en el otro rasgos que pertenecen a uno mismo, a partir de ese acercamiento es posible desarrollar un saber sobre la vida capaz de recrear valores realmente humanos 10. Ese saber de lo vivo, que permite a la vida devenir más vida, nos dice que la verdad se encuentra entre los extremos, hay que ser capaz de ir a favor y en contra ante una misma realidad, coordinar entropía y sintropia ( caos y orden), libertad y reponsabilidad desarrollando juegos cooperativos de suma positiva.
Hay que enfrentar los problemas con serenidad, ya que los valores realmente humanos necesitan tiempo para desarrollarse de forma natural. Frente al ritmo enloquecido de una sociedad acelerada y desquiciada, frente a la lógica del triunfador que en su empeño no le importa llevarse a cualquiera por delante11, hay que reconsiderar dinámicas y formas que posibiliten soluciones creativas dentro de esta búsqueda común que es la vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario